Syriza acaricia el Gobierno griego: soplan vientos de cambio en Europa

Artículo publicado en eldiario.es el 8 de enero de 2015 (enlace original)

“No vendemos humo, no son quimeras. Son propuestas reales para hacer nuestras sociedades más justas y nuestros países más habitable”

Simos Russos se convirtió el pasado mes de septiembre en alcalde de Halandri, municipio de cerca de 80.000 habitantes al noreste de Atenas. Independiente apoyado por Syriza, Russos consiguió el respaldo mayoritario de una ciudadanía que ha visto como tras cuatro años de austeridad su ciudad y el país entero estaban arruinados por las políticas impuestas por la Troika. Ante la crisis humanitaria que vive la ciudad, el consistorio empezó a aplicar un plan de choque para hacer frente al hambre y a la falta de electricidad y vivienda de muchos de sus habitantes. Un plan de choque como el que prevé llevar a cabo Syriza cuando alcance el Gobierno. Halandri, según muchos analistas, se ha convertido así en el ejemplo griego de que otra política al margen de las imposiciones alemanas es posible. Y Grecia ve en Halandri lo que Syriza puede hacer en todo el país. Quizá sea por eso que soplan vientos de cambio en Grecia.

Todas las encuestas vaticinan una victoria de Syriza en las elecciones del 25 de enero. La coalición de izquierdas liderada por Alexis Tsipras ganaría a los conservadores de ND y PASOK, lo que sin duda sería una gran noticia para la clase trabajadora europea, pues como dice el propio Tsipras, con Syriza gobernando Grecia, Europa iniciará el cambio que necesita.

Los griegos, cansados del austericidio impuesto por la Troika, parecen dispuestos a salir del oscuro túnel de la austeridad presupuestaria, lo que supondría el comienzo del fin de las recetas coercitivas dictadas por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, que han llevado a Grecia a una situación de depresión donde conviven un 25% de paro, un nivel de pobreza insoportable –con el 37% de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza– y una inasumible deuda del 177% del PIB. Con este panorama parece claro que la política aplicada por el Gobierno de coalición actual –ND/PASOK– en connivencia con Angela Merkel, supone una embestida feroz a la clase obrera griega. Las propuestas de Syriza, que pasan por negociar de forma enérgica una quita de la deuda –imposible de pagar y que asfixia su economía– mediante mecanismos colectivos europeos, por luchar de forma efectiva contra la evasión fiscal, que supone el 25% del PIB y por la redistribución de los ingresos del Estado, parecen de lo más razonables dada la situación de emergencia que vive el pueblo griego. Así lo están entendiendo los griegos según indican los sondeos, por mucho que le pese a la canciller alemana, al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y a toda la cohorte que apoya sus decisiones (Rajoy incluido).

La decisión de Tsipras –a quien propusimos desde el Partido de la Izquierda Europea como candidato a la presidencia de la Comisión Europea–, de confrontarse con el BCE, el FMI y la CE para tomar las riendas de Grecia al margen de los dictámenes de la Troika, no ha gustado nada a los adalides de la democracia europea quienes, escandalizados por la posibilidad de la victoria de Syriza, han comenzado a chantajear al pueblo griego tratando de cambiar el sentido de sus votos. Y para muestra un par de botones: Alemania ya ha avisado que el nuevo Gobierno griego deberá continuar con la política que ha seguido el actual Ejecutivo de Samarás. Además, la canciller alemana ha advertido que en caso de que Tsipras forme Gobierno, la salida de Grecia del euro sería casi inevitable. Esta coacción supone una clara demostración más de que el proyecto europeo diseñado por la socialdemocracia y la derecha europea ha acabado siendo un proyecto antidemocrático donde la soberanía de los pueblos queda supeditada a los intereses de unos pocos.

El previsible cambio de rumbo político que supondrá la victoria de Syriza, imprescindible en la devastada Grecia, repercutirá de forma decisiva en el resto de países de la Unión Europea. La victoria de la coalición que lidera Tsipras debe entenderse como un primer paso en el camino hacia otra Europa, donde habrá que establecer un nuevo marco de relaciones entre los pueblos. Grecia debe convertirse en el ariete que derribe las puertas del proyecto neoliberal de la UE, un proyecto que ha supuesto la mayor agresión contra la clase trabajadora de los últimos decenios, donde las rentas del trabajo han sido transferidas a las rentas del capital para concentrar la riqueza en muy pocas manos a un ritmo desconocido hasta ahora. Ese modelo, Con Syriza a la cabeza, puede dar paso a un nuevo proyecto alternativo, pensado por y para la mayoría social, para los trabajadores y trabajadoras. Nuestro proyecto para Europa, el del Partido de la Izquierda Europea (PIE), donde están integradas tanto Izquierda Unida como Syriza, pretende cambiar el actual estatus para conseguir que la seña de identidad de la UE no sea la del sometimiento de la mayoría más débil en beneficio de los menos, sino un modelo social europeo que garantice unos servicios públicos eficaces, gratuitos y universales y donde las relaciones entre los pueblos no venga dictada por la Troika, tan obstinada como está en decidir por nosotras qué es lo que más nos conviene. Y en este empeño debemos trabajar todas las fuerzas de la izquierda europea.

Halandri no sólo debería ser el espejo donde se miran los griegos, sino un ejemplo para la ciudadanía europea de que hay alternativas reales en la izquierda. No vendemos humo, no son quimeras. Son propuestas reales para hacer nuestras sociedades más justas y nuestros países más habitables.

He informado a la Comisión Europea de la negativa del Ministerio y las CCAA de proporcionar el tratamiento contra la Hepatitis C

Haz click aquí para descargar “Pregunta a la Comisión 2015-01-01 PE Tratamiento a enfermos de Hepatitis C” (.pdf, 135Kb)

Señor Juncker, venga conmigo a la valla de Melilla y veremos si sigue enamorado de Europa

Hoy le he dicho a Juncker que su política es del tipo Titanic: ahogar al pueblo para salvar a los que van en primera.

Jueves 12/12/2014, acto en Caudete

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La UE está utilizando las políticas de cooperación para chantajear a países empobrecidos

TTIP: La mentira y la explotación vestidas de Acuerdo

Artículo publicado en publico.es el 7 de diciembre de 2014 (enlace original)

De todos los derechos, el primero es el de existir. Por lo tanto, la primera ley social es aquella que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios para existir; todas las demás están subordinadas a esta” (Robespierre)[1]

El abismo entre ricos y pobres se ha ampliado de tal manera que los 85 capitalistas más ricos del mundo, acumulan tanta riqueza como los 3.570 millones de personas más pobres del planeta. La concentración de capital, sigue un ritmo tal, que ha llevado a que hoy el 1% de la población, detente en sus manos el 50% del total de la riqueza[2]. La realidad de nuestras vidas ha dejado en evidencia algunas de las grandes mentiras en las que se fundamenta el sistema económico en el que vivimos: ni todos somos iguales, ni la crisis nos afecta por igual, ni hacemos los mismos sacrificios. La crisis del sistema económico, entre todos sus horrores, ha tenido la virtud de poner al descubierto, por exacerbación, la injusticia estructural en que está fundamentado. La concentración de la riqueza en pocas manos (en un polo, mientras en el otro se acumulan millones de seres humanos viviendo en la miseria) no es una maldición de los dioses ni un terrible accidente natural. Es la evolución lógica, buscada y planeada del sistema económico que domina el planeta, el capitalismo.

Por si no fuera ya estremecedora la deriva, una nueva amenaza se cierne sobre nosotros en forma del tratado, que la Unión Europea y EEUU están articulando para garantizar este proceso de enriquecimiento. El TTIP, la santa alianza de las multinacionales de ambos lados del Atlántico, se alza como un nuevo ariete contra la clase trabajadora y la naturaleza de ambos continentes y en nuestro país recibe el respaldo, como no podría ser otra forma, del gobierno del PP y también de los dirigentes del PSOE.

Las negociaciones se han caracterizado por la opacidad más absoluta. No deja de ser algo que tiene todo el sentido del mundo. Las élites tienen muy claro que si los detalles salieran a la luz, se produciría una auténtica rebelión que impediría su formalización. Por eso se fragua en la oscuridad y bajo la forma de “Tratado”, de un tratado, como siempre “beneficioso para ambas partes”, ya que se basa en estimular el “libre comercio” y, claro, lo “libre” debe ser bueno…

El objetivo declarado es “aumentar el comercio y la inversión entre la UE y EEUU haciendo realidad que exista un área única para las empresas a ambos lados del Atlántico”. Los obstáculos para esta meta ya no son los aranceles, es decir, los impuestos que los estados ponen a los productos importados para defender la industria y los servicios nacionales. Esas barreras ya son pasado. Para las grandes corporaciones, el enemigo a batir son determinadas regulaciones y normativas. En definitiva, hay que socavar las leyes que supongan un obstáculo al comercio y la inversión. Pero el “libre mercado” aparentemente perseguido es, hace tiempo, una entelequia. En realidad lo que se busca es un “mercado regulado a favor de las grandes empresas”, y para eso exigen la creación de Tribunales Abitrales Internacionales (ISDS) que apliquen las normas más ventajosas para las empresas, por encima de los derechos laborales o económicos que establezcan las leyes de los países donde operen estas empresas, en lugar de acudir a los tribunales de justicia. Y no hablamos de política ficción; este tipo de demandas ya se interponen, por empresas de EEUU, Suiza, Francia… contra países donde se producen cambios en las políticas económicas que puedan suponer mermas de los beneficios de las empresas, como en Egipto, Honduras, Argentina…

En pocas ocasiones como al contemplar este tratado, queda tan claro que “la política es economía concentrada”, es decir que las decisiones políticas de los gobiernos se toman para favorecer los intereses económicos de las clases dominantes de sus respectivos países. En este caso, especialmente, de las grandes multinacionales que son las que más réditos económicos obtienen de la ruptura de cualquier norma legal que ponga obstáculos a sus tasas de explotación de la clase obrera y en consonancia a sus tasas de beneficio. Esto abarca todos los aspectos de la vida económica, desde los derechos laborales, a las transacciones financieras, pasando por las normas medioambientales o de alimentación. En el terreno del derecho existe una vieja doctrina, la de la aplicación de la norma más favorable; pero claro, este principio se aplica para favorecer al débil frente al fuerte. Pues bien, el TTIP es, en resumen, la aplicación al revés de esta idea: se aplicará la norma más favorable a las multinacionales y si se produce un cambio legislativo que la empresa considere que daña a sus intereses (pensemos en una reducción de jornada, anticipación de la jubilación, aumento del salario mínimo…) esa normativa no será de aplicación para dichas empresas.

Las consecuencias serían nefastas, no porque esto sea algo nuevo, sino porque supondría un avance cualitativo en una espiral perversa. Un ejemplo claro es el del tratamiento de la alimentación que bajaría sus normas de calidad (en EEUU, por ejemplo se tratan los pollos con cloro, o se extienden los transgénicos) sin que se pudiese reclamar contra ello. Y en cuanto a la destrucción de la naturaleza, podemos fijarnos en la práctica, ya extendida en los EEUU de la “fractura hidráulica” para la extracción de gas y petróleo. El precio más barato del gas americano llevaría, con la exportación a Europa, a una multiplicación de esta agresiva y contaminante técnica en los EEUU y también en Europa. Nunca se ha podido decir más claramente, que la filosofía de los capitalistas está presidida por la divisa “Après moi le déluge!” [“¡Después de mí, el diluvio!”][3].

Esto son sólo algunos de los aspectos del TTIP, no es algo nuevo, pero si lo es el intento de los sectores más poderosos de la clase dominante de imponer las condiciones y blindarlas frente a los futuros cambios políticos y económicos que puedan producirse. No se trata pues de “América contra Europa”, ni siquiera de “ataques a la soberanía nacional”, se trata de un capítulo agudo de la lucha de clases, de un nuevo intento, muy serio, de los capitalistas por garantizar su enriquecimiento, de utilizar todos los mecanismos posibles, de poner a todos los gobiernos a su servicio, para garantizar la perpetuación de su sistema.

Y, ¿por qué quieren avanzar por esta vía? Realmente es muy sencillo de comprender. Es imprescindible insuflar recursos que alimenten a la decreciente rentabilidad de las grandes empresas transnacionales y para ello hay que seguir exprimiendo a las clases populares. Por eso hay que “regular a la baja” y eso perjudicará a los más débiles y expoliados de todos los países. Pero cometeríamos un grave error si pensáramos que otorgar concesiones en esta etapa solucionará los problemas del capitalismo. Sus contradicciones le obligan indefectiblemente a explotar a las clases trabajadoras, aunque eso suponga limitar su capacidad para demandar los productos y servicios más eficientemente confeccionados. El TTIP no sería más que un eslabón adicional que no haría otra cosa que reproducir el círculo vicioso del que el sistema es incapaz de salir.

Según estudios independientes recientemente publicados[4], el Tratado de Libre Comercio entre Europa y Estados Unidos destruiría 600.000 puestos de trabajo y daría lugar a una pérdida de ingresos de hasta 5.000 euros por persona al año. Los ingresos tributarios y el producto interno bruto se reducirían considerablemente en todos los países, especialmente en los europeos. No se trata solo de que el TTIP constituye un ataque a las normas sociales, derechos laborales, protección del medio ambiente, a la agricultura sostenible y la democracia, sino también al empleo y el crecimiento.

La ley suprema, que mueve todos los hilos de la economía y, por tanto, de la política, es el beneficio privado, y en torno a su consecución se articulan todas las medidas que toman las clases dominantes de todo el planeta. El saqueo sólo tiene un límite: la resistencia que seamos capaces de ofrecer y, en el mejor de los casos, la alternativa que seamos capaces de construir. Es de vital importancia oponerse a este tratado, pero es aún más importante oponerse a las políticas que en él se desarrollan y que intentarán imponer incluso aún cuando éste no llegue a rubricarse finalmente.

La advertencia es clara: Si la izquierda llega al gobierno en el Estado español, o en cualquier otro país, no podrá jugar al ratón y al gato con las grandes multinacionales. Sólo tendrá una opción: “romper la baraja” y establecer nuevas normas del juego, llamando a los demás pueblos a seguir su ejemplo. Pues la base material necesaria, para llevar la libertad humana y la democracia a un desarrollo pleno, sólo la puede dar otro sistema económico que ponga la riqueza y los recursos al servicio de la mayoría, y no de una minoría voraz como ahora.

 

Marina Albiol Guzmán – Portavoz Izquierda Plural en el Parlamento Europeo.

Carlos Sánchez Mato – Economista y Presidente de ATTAC Madrid.

Alberto Arregui Álava – Miembro de la Presidencia Federal de IU.

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[1] M. Robespierre, en un discurso en el que abordaba los problemas del abastecimiento de trigo, citado por Albert Soboul, “La Revolución Francesa”, pg 81

[2] Informe de Oxfam Intermón

[3] Citado por Marx en El Capital, en referencia a la expresión atribuida a Luis XV o Madame de Pompadour.

[4] Jeronim Capaldo. Impacto del TTIP elaborado por Universidad de Massachusetts, Estados Unidos

Carta de Cecilia Malmström al ministro del interior Jorge Fernández Díaz

Acaban de hacernos llegar una copia de la carta que envió Cecilia Malmström (por entonces, Comisaria de Asuntos del Interior) al ministro del Interior Jorge Fernández Díaz el 24 de octubre en la que pedía explicaciones por lo ocurrido en la valla de Melilla el día 15 del mismo mes.

Aquí os enlazo la carta en formato .pdf y así poder leerla íntegramente, ya que lo único que se sabía del contenido de la carta era por una noticia publicada en El País.