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De Maastricht al TTIP: déjà vu

Artículo publicado en eldiario.es el 8 de junio de 2015 (enlace original)

Alarmistas, exagerados, atrasados. Estos fueron algunos de los calificativos que se utilizaron contra la militancia de Izquierda Unida cuando en 1992 salió a la calle para denunciar que en Europa se estaba negociando un tratado que supondría la supeditación total a las multinacionales y el sector financiero. Era el tratado de Maastricht, que se firmó como fundamento de la Unión Europea con el apoyo de socialdemócratas, conservadores y liberales. En el conjunto del Estado español, en el ámbito parlamentario, Izquierda Unida se quedó sola oponiéndose al tratado.

Han pasado 22 años y tenemos un déjà vu, esa sensación de que lo que está sucediendo ya lo hemos vivido. Ahora el tratado que pretenden imponer para seguir profundizando en sus políticas neoliberales, para ir un paso mas allá en la dictadura de las multinacionales, es el TTIP, el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión entre EEUU y la UE. También ahora, como en 1992, nos acusan de agoreros y de estar negándonos al progreso. También ahora, como en 1992, la dirección del PSOE se alía con la derecha y traiciona a los trabajadores y trabajadoras que con la firma de este tratado verán cómo bajan sus salarios, cómo se pierde empleo, cómo nuestros servicios públicos quedan en manos de multinacionales o cómo siguen esquilmando nuestro planeta para el beneficio de unos pocos.

Bueno es recordar que todas y cada una de las predicciones que IU realizó en 1992 sobre cómo nos iba a afectar el tratado de Maastricht se han cumplido. Una tras otra. No porque tuviéramos una bola de cristal, sino porque supimos entender que detrás del tratado sólo se escondían los intereses del capital, porque supimos analizar las intenciones de los diversos gobiernos europeos, más preocupados por los intereses de los poderosos que por los derechos de los pueblos de Europa.

Julio Anguita, coordinador de IU en aquel momento, durante su  discurso en la fiesta del PCE en 1996, vaticinó que la moneda única de Maastricht era “la imposición de los poderosos a través de los mecanismos del llamado mercado libre”; que su implantación suponía “poner como primer objetivo los ajustes contables macroeconómicos y relegar a un segundo lugar derechos sociales recogidos en nuestra Constitución y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos”; y que Maastricht era “la pensión que disminuye, el recorte del gasto sanitario, la congelación salarial de los funcionarios…” Juzguen ustedes.

Visto lo visto, quizá no se deberían despreciar tan a la ligera las advertencias que desde Izquierda Unida hacemos respecto al TTIP. Mejor será que nos organicemos ahora para parar un tratado que supone un nuevo intento de acabar con nuestros derechos sociales y democráticos, para que no nos toque decir dentro de 20 años que teníamos razón.

Pero en esta historia que parece repetirse hay novedades. Izquierda Unida esta vez no está sola. En el Parlamento Europeo compartimos esta lucha con las fuerzas políticas que estamos organizadas en el Grupo de la Izquierda Unitaria Europea y en Los Verdes. Somos más y junto a los movimientos sociales, al movimiento obrero y a las organizaciones ecologistas tenemos la posibilidad de organizar una gran marea contra el TTIP.

Y tras 22 años nos damos cuenta de que sus políticas, las políticas en beneficio de los poderosos, van cambiando de forma: Tratado de Maastricht, Tratado de Lisboa, TTIP o TISA. Según les convenga, las adaptan de forma camaleónica, aunque el objetivo siempre es el mismo: que las élites continúen obteniendo beneficios, y eso sólo puede ser a costa de aumentar la explotación de los trabajadores y trabajadoras y del planeta. Así que un aprendizaje más, no basta con parar el TTIP y el TISA porque pasado mañana renacerán con otro nombre, como sucedió con la Constitución Europea.

La verdad oculta debe salir a la luz, una vez más, para que seamos capaces de convertir esta oposición a tratados hechos a medida de los poderosos, en un proceso de transformación de la sociedad, para que, ese es nuestro objetivo, los tratados y las leyes respondan no al egoísmo de un puñado de privilegiados, sino a las necesidades de millones con derecho a una vida digna.