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La RSC, un cuento chino

Artículo publicado en La Marea el 26 de Mayo de 2013 (enlace original) en colaboración con Aurora Mora

La gobernanza es uno de esos conceptos happy elaborados a mayor gloria del pensamiento único en la era delcapitalismo global, según el cual las interacciones entre los actores públicos y privados tienen por objetivo resolver los problemas de la sociedad. Qué bonito, ¿verdad? Pues sólo es el principio de un cuento de hadas en el que son protagonistas los actores privados que se autorregulan con los pomposamente llamados instrumentos de soft law, diseñados mediante redes de autoorganización, y por supuesto, no vinculantes. ¡Qué maravilla, la autorregulación hecha carne!

Uno de esos instrumentos de regulación suave, muy loado por los voceros del pensamiento dominante, es laResponsabilidad Social Corporativa (RSC) o Empresarial (RSE), definida como la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas a la sociedad. Cuánta ternura, no nos digáis que no. Lástima que la actualidad informativa, en forma de derrumbe de talleres textiles en Bangladesh con más de 800 obreros muertos o en forma de un accidente de metro que sesgó la vida de 43 personas y dejó 47 heridos en València en 2006, nos haya recordado que hay otros conceptos que quizás expliquen mejor la naturaleza de estos supuestos angelitos, por ejemplo, el de plusvalía, que utilizó un barbudo malote de nombre Karl Marx para definir el valor que el trabajador crea por encima del valor (coste) de su fuerza de trabajo.

Y es que al mismo tiempo que El Corte Inglés se forraba con la confección de textiles en condiciones esclavistas a las afueras de Dacca, presumía, en su portal dedicado a la Responsabilidad Corporativa  de estar adherido al Pacto Mundial de las Naciones Unidas y de “asumir como propios los principios de respeto a los derechos humanos, laborales y medioambientales que integran este código ético internacional”. Una gran mentira que las etiquetas encontradas entre los escombros del edificio derrumbado han dejado al descubierto.

También ha salido a la luz últimamente el papel que H&M Sanchis, una consultora de comunicación valenciana hasta hace poco desconocida, jugó en la comisión de investigación del accidente del metro de València, aleccionando a los técnicos de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana para “transmitir a los miembros de la Comisión que lo ocurrido el día 3 entre las estaciones de Plaza España y Jesús en la línea 1, sobre las 13 horas, ha sido un accidente, cuya causa ha sido el exceso de velocidad y que este exceso de velocidad no puede ser atribuido a ninguna deficiencia técnica, ni a ninguna dejación de responsabilidades, ni a ningún incumplimiento de acuerdos”. Casualmente,  H&M Sanchis también cuenta con un apartado de RSC en su página web dirigido a las empresas para que estas vendan la burra, o dicho finamente: “que desde el diseño e implantación del Plan de Comunicación, así como en las acciones y planteamientos que el cliente realiza, se perciba el compromiso del proyecto con la RSC.”

No obstante, y por si todavía tuvierais alguna duda sobre que eso de la Responsabilidad Social Corporativa no es más que un cuento chino, os diremos que fue Rafael Blasco quien impulsó, en 2011, la Ley de Ciudadanía Corporativa, que contemplaba la integración voluntaria en la gestión de las empresas de prácticas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y eso lo hacía mientras, presuntamente, participaba de una trama de corrupción que saqueó al menos seis millones de euros provenientes de subvenciones concedidas por laGeneralitat Valenciana para proyectos de cooperación al desarrollo.

Y ahora sí, ya solo nos queda decir que colorín colorado, este cuento de la Responsabilidad Social Corporativa se ha acabado.